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Historia de la Matemática
La matemática
representa el estudio de las relaciones entre cantidades, magnitudes y
propiedades, y de las operaciones lógicas utilizadas para deducir
cantidades, magnitudes y propiedades desconocidas. Es una ciencia que ya
ha cumplido 2000 años de edad, y aunque actualmente está estructurada y
organizada, esta operación llevó muchísimo tiempo. En el pasado las
matemáticas eran consideradas como la ciencia de la cantidad, referida a
las magnitudes (como en la geometría), a los números (como en la
aritmética), o a la generalización de ambos (como en el álgebra). Hacia
mediados del siglo XIX las matemáticas se empezaron a considerar como la
ciencia de las relaciones, o como la ciencia que produce condiciones
necesarias. Esta última noción abarca la lógica matemática o simbólica —
ciencia que consiste en utilizar símbolos para generar una teoría exacta
de deducción e inferencia lógica basada en definiciones, axiomas,
postulados y reglas que transforman elementos primitivos en relaciones y
teoremas más complejos.
Trataremos la
evolución de los conceptos e ideas matemáticas siguiendo su desarrollo
histórico. En realidad, las matemáticas son tan antiguas como la propia
humanidad. Ya la encontramos en los diseños prehistóricos de cerámica,
tejidos y en las pinturas rupestres (donde se pueden encontrar
evidencias del sentido geométrico y del interés en figuras geométricas).
Los sistemas de cálculo primitivos estaban basados, seguramente, en el
uso de los dedos de una o dos manos (prestar atención como cuentan los
niños), lo que resulta evidente por la gran abundancia de sistemas
numéricos en los que las bases son los números 5 y 10.
Las primeras
referencias a matemáticas avanzadas y organizadas datan del tercer
milenio a.C., en Babilonia y Egipto. Estas matemáticas estaban dominadas
por la aritmética, con cierto interés en medidas y cálculos geométricos
y sin mención de conceptos matemáticos como los axiomas o las
demostraciones.
Los primeros
libros egipcios, escritos hacia el año 1800 a.C., muestran un sistema de
numeración decimal con distintos símbolos para las sucesivas potencias
de 10 (1, 10, 100...), similar al sistema utilizado por los romanos. Los
números se representaban escribiendo el símbolo del 1 tantas veces como
unidades tenía el número dado, el símbolo del 10 tantas veces como
decenas había en el número, y así sucesivamente. Para sumar números, se
sumaban por separado las unidades, las decenas, las centenas... de cada
número. La multiplicación estaba basada en duplicaciones sucesivas y la
división era el proceso inverso.
Los egipcios
utilizaban sumas de fracciones unidad (Œ), junto con la fracción ’, para
expresar todas las fracciones. Por ejemplo, " era la suma de las
fracciones ‚ y ~. Utilizando este sistema, los egipcios fueron capaces
de resolver problemas aritméticos con fracciones, así como problemas
algebraicos elementales. En geometría encontraron las reglas correctas
para calcular el área de triángulos, rectángulos y trapecios, y el
volumen de figuras como ortoedros, cilindros y, por supuesto, pirámides.
Para calcular el área de un círculo, los egipcios utilizaban un cuadrado
de lado del diámetro del círculo, valor muy cercano al que
se obtiene utilizando la constante pi (3,14).
El sistema
babilónico de numeración era bastante diferente del egipcio. En el
babilónico se utilizaban tablillas con varias muescas o marcas en forma
de cuña (cuneiforme); una cuña sencilla representaba al 1 y una marca en
forma de flecha representaba al 10. Los números menores que 59 estaban
formados por estos símbolos utilizando un proceso aditivo, como en las
matemáticas egipcias. El número 60, sin embargo, se representaba con el
mismo símbolo que el 1, y a partir de ahí, el valor de un símbolo venía
dado por su posición en el número completo. Este sistema, denominado
sexagesimal (base 60), resultaba tan útil como el sistema decimal
(base 10).

Con el tiempo, los babilonios desarrollaron
unas matemáticas más sofisticadas que les permitieron encontrar las
raíces positivas de cualquier ecuación de segundo grado. Fueron incluso
capaces de encontrar las raíces de algunas ecuaciones de tercer grado, y
resolvieron problemas más complicados utilizando el teorema de
Pitágoras. Los babilonios compilaron una gran cantidad de tablas,
incluyendo tablas de multiplicar y de dividir, tablas de cuadrados y
tablas de interés compuesto. Además, calcularon no sólo la suma de
progresiones aritméticas y de algunas geométricas, sino también de
sucesiones de cuadrados. También obtuvieron una buena aproximación de
Ã.
Las matemáticas en
Grecia
Los griegos
tomaron elementos de las matemáticas de los babilonios y de los
egipcios. La innovación más importante fue la invención de las
matemáticas abstractas basadas en una estructura lógica de definiciones,
axiomas y demostraciones. Según los cronistas griegos, este avance
comenzó en el siglo VI a.C. con Tales de Mileto y Pitágoras de Samos.
Este último enseñó la importancia del estudio de los números para poder
entender el mundo. Algunos de sus discípulos hicieron importantes
descubrimientos sobre la teoría de números y la geometría, que se
atribuyen al propio Pitágoras.
En el siglo V
a.C., algunos de los más importantes geómetras fueron el filósofo
atomista Demócrito de Abdera, que encontró la fórmula correcta para
calcular el volumen de una pirámide, e Hipócrates de Cos, que descubrió
que el área de figuras geométricas en forma de media luna limitadas por
arcos circulares son iguales a las de ciertos triángulos. Este
descubrimiento está relacionado con el famoso problema de la cuadratura
del círculo (construir un cuadrado de área igual a un círculo dado).
Otros dos problemas bastante conocidos que tuvieron su origen en el
mismo periodo son la trisección de un ángulo y la duplicación del cubo
(construir un cubo cuyo volumen es dos veces el de un cubo dado). Todos
estos problemas fueron resueltos, mediante diversos métodos, utilizando
instrumentos más complicados que la regla y el compás. Sin embargo, hubo
que esperar hasta el siglo XIX para demostrar finalmente que estos tres
problemas no se pueden resolver utilizando solamente estos dos
instrumentos básicos.
A finales del
siglo V a.C., un matemático griego descubrió que no existe una unidad de
longitud capaz de medir el lado y la diagonal de un cuadrado, es decir,
una de las dos cantidades es inconmensurable. Esto significa que
no existen dos números naturales m y n cuyo cociente sea
igual a la proporción entre el lado y la diagonal. Dado que los griegos
sólo utilizaban los números naturales (1, 2, 3...), no pudieron expresar
numéricamente este cociente entre la diagonal y el lado de un cuadrado
(este número, Ã, es lo que hoy se denomina número irracional).
Debido a este descubrimiento se abandonó la teoría pitagórica de la
proporción, basada en números, y se tuvo que crear una nueva teoría no
numérica. Ésta fue introducida en el siglo IV a.C. por el matemático
Eudoxo de Cnido, y la solución se puede encontrar en los Elementos
de Euclides. Eudoxo, además, descubrió un método para demostrar
rigurosamente supuestos sobre áreas y volúmenes mediante aproximaciones
sucesivas.
Euclides,
matemático y profesor que trabajaba en el famoso Museo de Alejandría,
también escribió tratados sobre óptica, astronomía y música. Los trece
libros que componen sus Elementos contienen la mayor parte del
conocimiento matemático existente a finales del siglo IV a.C., en áreas
tan diversas como la geometría de polígonos y del círculo, la teoría de
números, la teoría de los inconmensurables, la geometría del espacio y
la teoría elemental de áreas y volúmenes.
El siglo posterior
a Euclides estuvo marcado por un gran auge de las matemáticas, como se
puede comprobar en los trabajos de Arquímedes de Siracusa y de un joven
contemporáneo, Apolonio de Perga. Arquímedes utilizó un nuevo método
teórico, basado en la ponderación de secciones infinitamente pequeñas de
figuras geométricas, para calcular las áreas y volúmenes de figuras
obtenidas a partir de las cónicas. Éstas habían sido descubiertas por un
alumno de Eudoxo llamado Menaechmo, y aparecían como tema de estudio en
un tratado de Euclides; sin embargo, la primera referencia escrita
conocida aparece en los trabajos de Arquímedes. También investigó los
centros de gravedad y el equilibrio de ciertos cuerpos sólidos flotando
en agua. Casi todo su trabajo es parte de la tradición que llevó, en el
siglo XVII, al desarrollo del cálculo. Su contemporáneo, Apolonio,
escribió un tratado en ocho tomos sobre las cónicas, y estableció sus
nombres: elipse, parábola e hipérbola. Este tratado sirvió de base para
el estudio de la geometría de estas curvas hasta los tiempos del
filósofo y científico francés René Descartes en el siglo XVII.
Después de
Euclides, Arquímedes y Apolonio, Grecia no tuvo ningún geómetra de la
misma talla. Los escritos de Herón de Alejandría en el siglo I d.C.
muestran cómo elementos de la tradición aritmética y de medidas de los
babilonios y egipcios convivieron con las construcciones lógicas de los
grandes geómetras. Los libros de Diofante de Alejandría en el siglo III
d.C. continuaron con esta misma tradición, aunque ocupándose de
problemas más complejos. En ellos Diofante encuentra las soluciones
enteras para aquellos problemas que generan ecuaciones con varias
incógnitas. Actualmente, estas ecuaciones se denominan diofánticas y se
estudian en el análisis diofántico.
Las matemáticas
aplicadas en Grecia
En paralelo con los estudios sobre
matemáticas puras hasta ahora mencionados, se llevaron a cabo estudios
de óptica, mecánica y astronomía. Muchos de los grandes matemáticos,
como Euclides y Arquímedes, también escribieron sobre temas
astronómicos. A principios del siglo II a.C., los astrónomos griegos
adoptaron el sistema babilónico de almacenamiento de fracciones y, casi
al mismo tiempo, compilaron tablas de las cuerdas de un círculo. Para un
círculo de radio determinado, estas tablas daban la longitud de las
cuerdas en función del ángulo central correspondiente, que crecía con un
determinado incremento. Eran similares a las modernas tablas del seno y
coseno, y marcaron el comienzo de la trigonometría. En la primera
versión de estas tablas — las de Hiparco, hacia el 150 a.C.— los arcos
crecían con un incremento de 7y°,
de 0° a 180°. En tiempos del astrónomo Tolomeo, en el siglo II d.C., la
maestría griega en el manejo de los números había avanzado hasta tal
punto que Tolomeo fue capaz de incluir en su Almagesto una tabla
de las cuerdas de un círculo con incrementos de y° que, aunque
expresadas en forma sexagesimal, eran correctas hasta la quinta cifra
decimal.
Mientras tanto, se
desarrollaron otros métodos para resolver problemas con triángulos
planos y se introdujo un teorema — que recibe el nombre del astrónomo
Menelao de Alejandría — para calcular las longitudes de arcos de esfera
en función de otros arcos. Estos avances dieron a los astrónomos las
herramientas necesarias para resolver problemas de astronomía esférica,
y para desarrollar el sistema astronómico que sería utilizado hasta la
época del astrónomo alemán Johannes Kepler.
Las Matemáticas en
la Edad Madia
En Grecia, después de Tolomeo, se estableció la tradición
de estudiar las obras de estos matemáticos de siglos anteriores en los
centros de enseñanza. El que dichos trabajos se hayan conservado hasta
nuestros días se debe principalmente a esta tradición. Sin embargo, los
primeros avances matemáticos consecuencia del estudio de estas obras
aparecieron en el mundo árabe.
La Época de Oro: Las
matemáticas en el mundo islámico
Después de un
siglo de expansión en la que la religión musulmana se difundió desde sus
orígenes en la península Arábiga hasta dominar un territorio que se
extendía desde la península Ibérica hasta los límites de la actual
China, los árabes empezaron a incorporar a su propia ciencia los
resultados de "ciencias extranjeras". Los traductores de instituciones
como la Casa de la Sabiduría de Bagdad, mantenida por los califas
gobernantes y por donaciones de particulares, escribieron versiones
árabes de los trabajos de matemáticos griegos e indios.
Hacia el año 900,
el periodo de incorporación se había completado y los estudiosos
musulmanes comenzaron a construir sobre los conocimientos adquiridos.
Entre otros avances, los matemáticos árabes ampliaron el sistema indio
de posiciones decimales en aritmética de números enteros, extendiéndolo
a las fracciones decimales. En el siglo XII, el matemático persa Omar
Jayyam generalizó los métodos indios de extracción de raíces cuadradas y
cúbicas para calcular raíces cuartas, quintas y de grado superior. El
matemático árabe Al-Jwârizmî (de su nombre procede la palabra algoritmo,
y el título de uno de sus libros es el origen de la palabra álgebra)
desarrolló el álgebra de los polinomios; al-Karayi la completó para
polinomios incluso con infinito número de términos. Los geómetras, como
Ibrahim ibn Sinan, continuaron las investigaciones de Arquímedes sobre
áreas y volúmenes. Kamal al-Din y otros aplicaron la teoría de las
cónicas a la resolución de problemas de óptica. Los matemáticos Habas
al-Hasib y Nasir ad-Din at-Tusi crearon trigonometrías plana y esférica
utilizando la función seno de los indios y el teorema de Menelao. Estas
trigonometrías
no se convirtieron en disciplinas matemáticas en Occidente hasta la
publicación del De triangulis omnimodis (1533) del astrónomo
alemán Regiomontano.
Finalmente,
algunos matemáticos árabes lograron importantes avances en la teoría de
números, mientras otros crearon una gran variedad de métodos numéricos
para la resolución de ecuaciones. Los países europeos con lenguas
latinas adquirieron la mayor parte de estos conocimientos durante el
siglo XII, el gran siglo de las traducciones. Los trabajos de los
árabes, junto con las traducciones de los griegos clásicos fueron los
principales responsables del crecimiento de las matemáticas durante la
edad media. Los matemáticos italianos, como Leonardo Fibonacci y Luca
Pacioli (uno de los grandes tratadistas del siglo XV en álgebra y
aritmética, que desarrollaba para aplicar en el comercio), se basaron
principalmente en fuentes árabes para sus estudios.
Las Matemáticas en Europa
Aunque el final
del periodo medieval fue testigo de importantes estudios matemáticos
sobre problemas del infinito por autores como Nicole Oresme, no fue
hasta principios del siglo XVI cuando se hizo un descubrimiento
matemático de trascendencia en Occidente. Era una fórmula algebraica
para la resolución de las ecuaciones de tercer y cuarto grado, y fue
publicado en 1545 por el matemático italiano Gerolamo Cardano en su
Ars magna. Este hallazgo llevó a los matemáticos a interesarse por
los números complejos y estimuló la búsqueda de soluciones similares
para ecuaciones de quinto grado y superior. Fue esta búsqueda la que a
su vez generó los primeros trabajos sobre la teoría de grupos a finales
del siglo XVIII y la teoría de ecuaciones del matemático francés
Évariste Galois a principios del XIX.
También durante el
siglo XVI se empezaron a utilizar los modernos signos matemáticos y
algebraicos. El matemático francés François Viète llevó a cabo
importantes estudios sobre la resolución de ecuaciones. Sus escritos
ejercieron gran influencia en muchos matemáticos del siglo posterior,
incluyendo a Pierre de Fermat en Francia e Isaac Newton en Inglaterra.
Los europeos
dominaron el desarrollo de las matemáticas después del renacimiento.
Durante el siglo
XVII tuvieron lugar los más importantes avances en las matemáticas desde
la era de Arquímedes y Apolonio. El siglo comenzó con el descubrimiento
de los logaritmos por el matemático escocés John Napier (Neper); su gran
utilidad llevó al astrónomo francés Pierre Simon Laplace a decir, dos
siglos más tarde, que Neper, al reducir el trabajo de los astrónomos a
la mitad, les había duplicado la vida.
La ciencia
de la teoría de números, que había permanecido aletargada desde la época
medieval, es un buen ejemplo de los avances conseguidos en el siglo XVII
basándose en los estudios de la antigüedad clásica. La obra Las
aritméticas de Diofante ayudó a Fermat a realizar importantes
descubrimientos en la teoría de números. Su conjetura más destacada en
este campo fue que no existen soluciones de la ecuación an + bn = cn
con a, b y c enteros positivos si n es mayor que 2.
Esta conjetura, conocida como último teorema de Fermat, ha generado gran
cantidad de trabajos en el álgebra y la teoría de números.
En geometría pura,
dos importantes acontecimientos ocurrieron en este siglo. El primero fue
la publicación, en el Discurso del método (1637) de Descartes, de
su descubrimiento de la geometría analítica, que mostraba cómo utilizar
el álgebra (desarrollada desde el renacimiento) para investigar la
geometría de las curvas (Fermat había hecho el mismo descubrimiento pero
no lo publicó). El Discurso del método, junto con una serie de
pequeños tratados con los que fue publicado, ayudó y fundamentó los
trabajos matemáticos de Isaac Newton hacia 1660. El segundo
acontecimiento que afectó a la geometría fue la publicación, por el
ingeniero francés Gérard Desargues, de su descubrimiento de la geometría
proyectiva en 1639. Aunque este trabajo fue alabado por Descartes y por
el científico y filósofo francés Blaise Pascal, su terminología
excéntrica y el gran entusiasmo que había causado la aparición de la
geometría analítica retrasó el desarrollo de sus ideas hasta principios
del siglo XIX, con los trabajos del matemático francés Jean Victor
Poncelet.
Otro avance
importante en las matemáticas del siglo XVII fue la aparición de la
teoría de la probabilidad a partir de la correspondencia entre Pascal y
Fermat sobre un problema presente en los juegos de azar, el llamado
problema de puntos. Este trabajo no fue publicado, pero llevó al
científico holandés Christiaan Huygens a escribir un pequeño folleto
sobre probabilidad en juegos con dados, que fue publicado en el Ars
coniectandi (1713) del matemático suizo Jacques Bernoulli. Tanto
Bernoulli como el francés Abraham De Moivre, en su Doctrina del azar
de 1718, utilizaron el recién descubierto cálculo para avanzar
rápidamente en su teoría, que para entonces tenía grandes aplicaciones
en pujantes compañías de seguros.
Sin embargo, el
acontecimiento matemático más importante del siglo XVII fue, sin lugar a
dudas, el descubrimiento por parte de Newton de los cálculos diferencial
e integral, entre 1664 y 1666. Newton se basó en los trabajos anteriores
de dos compatriotas, John Wallis e Isaac Barrow, así como en los
estudios de otros matemáticos europeos como Descartes, Francesco
Bonaventura Cavalieri, Johann van Waveren Hudde y Gilles Personne de
Roberval. Unos ocho años más tarde, el alemán Gottfried Wilhelm Leibniz
descubrió también el cálculo y fue el primero en publicarlo, en 1684 y
1686. El sistema de notación de Leibniz es el que se usa hoy en el
cálculo.
Durante el resto
del siglo XVII y buena parte del XVIII, los discípulos de Newton y
Leibniz se basaron en sus trabajos para resolver diversos problemas de
física, astronomía e ingeniería, lo que les permitió, al mismo tiempo,
crear campos nuevos dentro de las matemáticas. Así, los hermanos Jean y
Jacques Bernoulli inventaron el cálculo de variaciones y el matemático
francés Gaspard Monge la geometría descriptiva. Joseph Louis Lagrange,
también francés, dio un tratamiento completamente analítico de la
mecánica en su gran obra Mecánica analítica (1788), en donde se
pueden encontrar las famosas ecuaciones de Lagrange para sistemas
dinámicos. Además, Lagrange hizo contribuciones al estudio de las
ecuaciones diferenciales y la teoría de números, y desarrolló la teoría
de grupos. Su contemporáneo Laplace escribió Teoría analítica de las
probabilidades (1812) y el clásico Mecánica celeste
(1799-1825), que le valió el sobrenombre de ‘el Newton francés’.
El gran matemático
del siglo XVIII fue el suizo Leonhard Euler, quien aportó ideas
fundamentales sobre el cálculo y otras ramas de las matemáticas y sus
aplicaciones. Euler escribió textos sobre cálculo, mecánica y álgebra
que se convirtieron en modelos a seguir para otros autores interesados
en estas disciplinas. Sin embargo, el éxito de Euler y de otros
matemáticos para resolver problemas tanto matemáticos como físicos
utilizando el cálculo sólo sirvió para acentuar la falta de un
desarrollo adecuado y justificado de las ideas básicas del cálculo. La
teoría de Newton estaba basada en la cinemática y las velocidades, la de
Leibniz en los infinitésimos, y el tratamiento de Lagrange era
completamente algebraico y basado en el concepto de las series
infinitas. Todos estos sistemas eran inadecuados en comparación con el
modelo lógico de la geometría griega, y este problema no fue resuelto
hasta el siglo posterior.
En 1821, un
matemático francés, Augustin Louis Cauchy, consiguió un enfoque lógico y
apropiado del cálculo. Cauchy basó su visión del cálculo sólo en
cantidades finitas y el concepto de límite. Sin embargo, esta solución
planteó un nuevo problema, el de la definición lógica de número real.
Aunque la definición de cálculo de Cauchy estaba basada en este
concepto, no fue él sino el matemático alemán Julius W. R. Dedekind
quien encontró una definición adecuada para los números reales, a partir
de los números racionales, que todavía se enseña en la actualidad; los
matemáticos alemanes Georg Cantor y Karl T. W. Weierstrass también
dieron otras definiciones casi al mismo tiempo. Un problema más
importante que surgió al intentar describir el movimiento de vibración
de un muelle — estudiado por primera vez en el siglo XVIII — fue el de
definir el significado de la palabra función. Euler, Lagrange y el
matemático francés Joseph Fourier aportaron soluciones, pero fue el
matemático alemán Peter G. L. Dirichlet quien propuso su definición en
los términos actuales.
Además de
fortalecer los fundamentos del análisis, nombre dado a partir de
entonces a las técnicas del cálculo, los matemáticos del siglo XIX
llevaron a cabo importantes avances en esta materia. A principios del
siglo, Carl Friedrich Gauss dio una explicación adecuada del concepto de
número complejo; estos números formaron un nuevo y completo campo del
análisis, desarrollado en los trabajos de Cauchy, Weierstrass y el
matemático alemán Bernhard Riemann. Otro importante avance del análisis
fue el estudio, por parte de Fourier, de las sumas infinitas de
expresiones con funciones trigonométricas. Éstas se conocen hoy como
series de Fourier, y son herramientas muy útiles tanto en las
matemáticas puras como en las aplicadas. Además, la investigación de
funciones que pudieran ser iguales a series de Fourier llevó a Cantor al
estudio de los conjuntos infinitos y a una aritmética de números
infinitos. La teoría de Cantor, que fue considerada como demasiado
abstracta y criticada como "enfermedad de la que las matemáticas se
curarán pronto", forma hoy parte de los fundamentos de las matemáticas y
recientemente ha encontrado una nueva aplicación en el estudio de
corrientes turbulentas en fluidos.
Otro
descubrimiento del siglo XIX que se consideró abstracto e inútil en su
tiempo fue la
geometría no
euclídea. En esta geometría se pueden trazar al menos dos rectas
paralelas a una recta dada que pasen por un punto que no pertenece a
ésta. Aunque descubierta primero por Gauss, éste tuvo miedo de la
controversia que su publicación pudiera causar. Los mismos resultados
fueron descubiertos y publicados por separado por el matemático ruso
Nikolái Ivánovich Lobachevski y por el húngaro János Bolyai. Las
geometrías no euclídeas fueron estudiadas en su forma más general por
Riemann, con su descubrimiento de las múltiples paralelas. En el siglo
XX, a partir de los trabajos de Einstein, se le han encontrado también
aplicaciones en física.
Gauss es uno de
los más importantes matemáticos de la historia. Los diarios de su
juventud muestran que ya en sus primeros años había realizado grandes
descubrimientos en teoría de números, un área en la que su libro
Disquisitiones arithmeticae (1801) marca el comienzo de la era
moderna. En su tesis doctoral presentó la primera demostración apropiada
del teorema fundamental del álgebra. A menudo combinó investigaciones
científicas y matemáticas. Por ejemplo, desarrolló métodos estadísticos
al mismo tiempo que investigaba la órbita de un planetoide recién
descubierto, realizaba trabajos en teoría de potencias junto a estudios
del magnetismo, o estudiaba la geometría de superficies curvas a la vez
que desarrollaba sus investigaciones topográficas.
De mayor
importancia para el álgebra que la demostración del teorema fundamental
por Gauss fue la transformación que ésta sufrió durante el siglo XIX
para pasar del mero estudio de los polinomios al estudio de la
estructura de sistemas algebraicos. Un paso importante en esa dirección
fue la invención del álgebra simbólica por el inglés George Peacock.
Otro avance destacado fue el descubrimiento de sistemas algebraicos que
tienen muchas propiedades de los números reales. Entre estos sistemas se
encuentran las cuaternas del matemático irlandés William Rowan Hamilton,
el análisis vectorial del matemático y físico estadounidense Josiah
Willard Gibbs y los espacios ordenados de n dimensiones del
matemático alemán Hermann Günther Grassmann. Otro paso importante fue el
desarrollo de la teoría de grupos, a partir de los trabajos de Lagrange.
Galois utilizó estos trabajos muy a menudo para generar una teoría sobre
qué polinomios pueden ser resueltos con una fórmula algebraica.
Del mismo modo que
Descartes había utilizado en su momento el álgebra para estudiar la
geometría, el matemático alemán Felix Klein y el noruego Marius Sophus
Lie lo hicieron con el álgebra del siglo XIX. Klein la utilizó para
clasificar las geometrías según sus grupos de transformaciones (el
llamado Programa Erlanger), y Lie la aplicó a una teoría geométrica de
ecuaciones diferenciales mediante grupos continuos de transformaciones
conocidas como grupos de Lie. En el siglo XX, el álgebra se ha aplicado
a una forma general de la geometría conocida como topología.
También los
fundamentos de las matemáticas fueron completamente transformados
durante el siglo XIX, sobre todo por el matemático inglés George Boole
en su libro Investigación sobre las leyes del pensamiento (1854)
y por Cantor en su teoría de conjuntos. Sin embargo, hacia finales del
siglo, se descubrieron una serie de paradojas en la teoría de Cantor. El
matemático inglés Bertrand Russell encontró una de estas paradojas, que
afectaba al propio concepto de conjunto. Los matemáticos resolvieron
este problema construyendo teorías de conjuntos lo bastante restrictivas
como para eliminar todas las paradojas conocidas, aunque sin determinar
si podrían aparecer otras paradojas —es decir, sin demostrar si estas
teorías son consistentes. Hasta nuestros días, sólo se han encontrado
demostraciones relativas de consistencia (si la teoría B es
consistente entonces la teoría A también lo es). Especialmente
preocupante es la conclusión, demostrada en 1931 por el lógico
estadounidense Kurt Gödel, según la cual en cualquier sistema de axiomas
lo suficientemente complicado como para ser útil a las matemáticas es
posible encontrar proposiciones cuya certeza no se puede demostrar
dentro del sistema.
Las Matemáticas en
el Siglo XX
En la Conferencia
Internacional de Matemáticos que tuvo lugar en París en 1900, el
matemático alemán David Hilbert expuso sus teorías. Hilbert era
catedrático en Gotinga, el hogar académico de Gauss y Riemann, y había
contribuido de forma sustancial en casi todas las ramas de las
matemáticas, desde su clásico Fundamentos de la geometría (1899)
a su Fundamentos de la matemática en colaboración con otros
autores. La conferencia de Hilbert en París consistió en un repaso a 23
problemas matemáticos que él creía podrían ser las metas de la
investigación matemática del siglo que empezaba. Estos problemas, de
hecho, han estimulado gran parte de los trabajos matemáticos del siglo
XX, y cada vez que aparecen noticias de que otro de los "problemas de
Hilbert" ha sido resuelto, la comunidad matemática internacional espera
los detalles con impaciencia.
A pesar de la
importancia que han tenido estos problemas, un hecho que Hilbert no pudo
imaginar fue la invención del ordenador o computadora digital
programable, primordial en las matemáticas del futuro. Aunque los
orígenes de las computadoras fueron las calculadoras de relojería de
Pascal y Leibniz en el siglo XVII, fue Charles Babbage quien, en la
Inglaterra del siglo XIX, diseñó una máquina capaz de realizar
operaciones matemáticas automáticamente siguiendo una lista de
instrucciones (programa) escritas en tarjetas o cintas. La imaginación
de Babbage sobrepasó la tecnología de su tiempo, y no fue hasta la
invención del relé, la válvula de vacío y después la del transistor
cuando la computación programable a gran escala se hizo realidad. Este
avance ha dado un gran impulso a ciertas ramas de las matemáticas, como
el análisis numérico y las matemáticas finitas, y ha generado nuevas
áreas de investigación matemática como el estudio de los algoritmos. Se
ha convertido en una poderosa herramienta en campos tan diversos como la
teoría de números, las ecuaciones diferenciales y el álgebra abstracta.
Además, el ordenador ha permitido encontrar la solución a varios
problemas matemáticos que no se habían podido resolver anteriormente,
como el problema topológico de los cuatro colores propuesto a mediados
del siglo XIX. El teorema dice que cuatro colores son suficientes para
dibujar cualquier mapa, con la condición de que dos países limítrofes
deben tener distintos colores. Este teorema fue demostrado en 1976
utilizando una computadora de gran capacidad de cálculo en la
Universidad de Illinois (Estados Unidos).
El conocimiento
matemático del mundo moderno está avanzando más rápido que nunca.
Teorías que eran completamente distintas se han reunido para formar
teorías más completas y abstractas. Aunque la mayoría de los problemas
más importantes han sido resueltos, otros como las hipótesis de Riemann
siguen sin solución. Al mismo tiempo siguen apareciendo nuevos y
estimulantes problemas. Parece que incluso las matemáticas más
abstractas están encontrando aplicación.
Videos de la historia de la
Matemática
Las Cifras: un viaje en el tiempo El universo
matemático es un programa español espectacular que explica en forma simple la
historia de algunos aspectos de la matemática. En este caso la historia de los
números decimales. Un paseo inesperado por la senda histórica de los números que
más usamos y menos comprendemos.
Newton y Leibnitz:
Todo el que ha estudiado análisis matemático se las ha visto con
las derivadas e integrales. Este espectacular video nos pasea
por los momentos históricos donde estas herramientas se gestan,
mostrando la importancia de Newton en la historia y enseñándonos
de donde provienen los símbolos que actualmente utilizamos para
hacer los cálculos en este área de la matemática.
La matemática y la segregación:
La matemática no estuvo exenta de la influencia de la sociedad donde se
desarrollaba, es la razón que tan pocas mujeres (antes del siglo XX) tuvieran
contacto y desarrollo en esta ciencia. Es el motivo por el cual las mujeres que
se destacaron tuvieron que luchar contra la discriminación, el machismo y una
oposición que rayaba la violencia. Este documental imperdible cuenta su odisea. |